El Gobierno quiere más coches y peores ciudades: se carga los carriles Bus/VAO

“Lo malo del gobierno es que gobierna”, como cantaba Triángulo de Amor Bizarro en aquella canción. Ahí está el Ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, preocupado por las víctimas de accidentes de circulación –que en 2016 fueron 29 más que en 2015, la primera vez que sube el número en 13 años– y pasando por eso a la acción. El martes presentó las quince flamantes y urgentes medidas diseñadas por la DGT para parar la cosa: más radares, más control para que llevemos el cinturón, más atención a la velocidad, más señales, más vigilancia en general y, cómo no, un plan estatal de educación vial. La noticia ha salido en todos lados y se ha sumado a otra reciente en la que se anunciaba la reducción de la velocidad en tramos con abundancia de ciclistas. Muy bien, ¿no?

No. El Ministro está tan on fire que se ha pasado de frenada y ha anunciado también el fin de los carriles Bus VAO. Bueno, en realidad él no lo ha contado así –tampoco los medios que lo han recogido ni la oposición– pero eso es lo que va a pasar gracias a la Resolución de 2 de enero de 2017 publicada en el BOE y con las que se establecen medidas especiales de regulación del tráfico durante este año.

La DGT ha decidido que por esos carriles destinados hasta el momento a transporte público y vehículos con dos o más ocupantes pase ahora todo quisque. Taxis libres, coches de uso compartido y vehículos con distintivos Eco, C y B —éstos, cuando lo indiquen los paneles— son los nuevos invitados, o sea, algo así como el 50% del parque móvil. ¿Por qué? Pues, según explica la resolución que esconde el asunto, “por razones de seguridad vial, movilidad y de fluidez de la circulación”.

Vaya por dios. El carril Bus/VAO de la A-6 en Madrid (hay otros dos en Granada y Barcelona) se implantó en su momento precisamente para reducir el tráfico de entrada en la ciudad y mejorar la movilidad y la calidad del aire. Y ha funcionado muy bien. De hecho, la Comunidad y Fomento se estaban planeando hacer otros en la A-2 y la A-5 pero quizás ahora que la DGT se ha cepillado la limitación que les da sentido y los convierte eficaces se lo piensen mejor.

Hace falta ser zote para tomar una decisión así en un momento en que todo el mundo se ha dado cuenta de que el tráfico de coches en las ciudades genera problemas de movilidad, de seguridad, de espacio y de contaminación. Como dejó dicho Lewis Mumford, urbanista y pensador esencial, “aumentar el número de vías para prevenir la congestión vial es como tratar de luchar contra la obesidad aflojándose el cinturón”. Pero, claro, ni en el Ministerio del Interior ni en la DGT deben saber del bueno de Lewis. Ni falta que les hace: no es que Zoido sea zote, tan sólo hace su trabajo.

El Gobierno, éste y todos los demás, se ocupa entre otras cosas de que la venta de coches no baje a través de incentivos a la compra, se preocupa porque las multas a las marcas que engañan con sus emisiones no sean para tanto, se encarga de que no haya campañas de concienciación sobre los costes sociales del uso del vehículo privado. Su misión es hacer carreteras y llenarlas de cacharros y, de paso, fastidiar cualquier medida que intenten tomar las ciudades para solucionar sus problemas de movilidad y contaminación y cumplir así con las regulaciones y recomendaciones europeas y de Naciones Unidas. Parece un sinsentido pero no lo es porque se explicará perfectamente mientras los datos de ventas de coches se sigan relacionando con los de desarrollo económico.

A todo esto, ¿qué hacemos con los accidentes? Seguir contándolos cada año, porque así no van a parar. Como decía esa canción de The Evens, “no cars, no accidents”.

Source: Desde mi bici

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